Trece meses después del fatídico derrumbe que provocó la muerte de 236 personas y 174 niños en la orfandad, familiares y allegados se reunieron en la zona cero para recordar la vida de quienes ya no están y exigir con firmeza justicia por sus dolientes.
“Se han ido, pero no los hemos olvidado” era uno de los mensajes que se podía leer en los letreros colocados frente al antiguo lugar bailable, junto con fotos de las víctimas, velones que con su cera se niegan a evaporarse y algún que otro objeto para representar la memoria del difunto.
En el medio, una notable cruz se alza para recoger las imágenes de todos los fallecidos, además de un enorme letrero que recuerda nombre por nombre sus caras. La escena por sí sola representa una especie de altar improvisado.
A un lado de la discoteca el padre Rogelio Cruz declaraba que el terrible suceso no puede quedar impune ante la justicia dominicana, pidiendo una modificación de la calificación jurídica correspondiente a homicidio y no de homicidio involuntario como la que mantiene el Ministerio Público.
“No se trata en este caso de homicidio involuntario, sino de homicidio”, sentenció el sacerdote.
Asimismo, exigió variación de la medida de coerción para que los propietarios, los hermanos Antonio y Maribel Espaillat, “estén en una cárcel como está todo el mundo para que paguen las consecuencias” en vez del pago de RD$50 millones, impedimento de salida y presentación periódica, que es la que enfrentan en la actualidad.